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Estas fotografías están tomadas
desde la conciencia de
reconocimiento, respeto y amor.
Así, cada Ser captado en su entorno natural,
puede ofrendar junto con su imagen visible,
parte de su esencia vital y lumínica.

Las fotos no estan retocadas ni son montajes,
sino que estan tal cual han entrado por el objetivo
de la cámara.

Marianela

932 103 150 / 638 147 905

c/ Sta. Rosalia 15-17 2º2ª_08035 BARCELONA

GRACIAS por disfrutar de estas imágenes con nosotros.
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                     SOBRE LA FOTÓGRAFA Y SUS CIRCUNSTANCIAS

     Nací en Filipinas, donde residían mis padres por motivos de trabajo, y crecí rodeada de la suntuosa y exuberante vegetación tropical que sin duda marco mi forma de ver el Mundo y la Naturaleza. Cuando era pequeña, y en el laboratorio de mi padre, miraba asombrada cómo aparecían de la nada las imágenes en el papel sumergido en la cubeta que me dejaba remover bajo aquella luz rojiza y mágica: perceptibles Huellas de Luz que el negativo iluminado por la ampliadora marcaba sobre el papel de sales de plata.
    Mi contacto temprano con la fotografía no me llevó, como seria de esperar, a dedicarme a ella, sino que  comencé mi singladura artística dibujando, y pintando al óleo. Después, estuve intensa y gratamente ocupada en la crianza de mis cuatro hijos, quienes han sido inspiración y motivo de muchas de mis obras pictóricas y fotográficas.
    Me licencie en Geografía e Historia por la Universidad de Barcelona, con la especialidad de Antropología Cultural, fascinada por la etnografía de urgencia de los llamados pueblos primitivos y por el estudio comparativo y holístico de las diversas culturas, siempre desde una investigación participante.
    Mas tarde, y durante unos años, formé parte de una empresa de diseño y creación de  moda, en la que también me ocupaba de los reportajes y books fotográficos.
    Lo cierto es que durante toda mi vida, de una u otra forma he estado vinculada a la fotografía en mi afán por descubrir, captar y hacer perdurable la belleza efímera de los instantes. Nunca he dejado de asombrarme cada vez que tomo una foto: cuando miro por el visor, las cosas se meten en la cámara como atraídas por mi sorpresa o mi admiración. Percibo que las plantas, los animales, las personas o los lugares que enfoco parecen jugar al juego de la verdad con el objetivo de la cámara, revelando su imagen más verdadera; aquella que contiene el espíritu que las anima y las mantiene: Huellas de Luz que rielan en el mar de la intemporalidad que es una foto. Por eso, siento que lo que fotografío me regala una parte invisible y valiosa de sí mismo.
    Mi fuente de luz favorita, casi la única, es la luz del Sol en sus múltiples tonalidades y variaciones: los fulgores dorados del amanecer orilleando la silueta magnífica; los resplandores violáceos del ocaso desdibujando límites. Y esos tonos de luz plata y acero que aparecen en el aire cargado de tormenta. Y la luz ceniza y humo de la nube o la niebla. Y la irisada transparencia que todo lo envuelve cuando cae la lluvia.
    En estos años he aprendido que los seres y las cosas han de fotografiarse desde la conciencia de respeto y estima, de alegría y celebración, de asombro por su unicidad. Así pueden dejar sus Huellas de Luz en las fotografías. Unas Huellas de Luz que no siempre pueden captar los ojos pero que, posiblemente y por afinidad, captan las almas.


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